CIMAS

CIMA Nº 32: Carrauntohill (IRLANDA)

IRLANDA

Carrauntohill

04/04/2026

ALTITUD

1.038 m

ANDREU LÓPEZ

NIVEL DIFICULTAD

MEDIO

CRÓNICA

Llevo los meses de enero, febrero y marzo trabajando de manera incesante de lunes a domingo, sin prácticamente tiempo de ocio. En muchas ocasiones, soy de pensamiento inverso, así que un día, ya avanzada la noche, decido lanzar un mensaje al universo: cogeré unos vuelos rumbo a Irlanda, donde pasaré 5 días de la Semana Santa de este año. Llevo muchos días con múltiples obligaciones y condicionamientos horarios, principalmente por aspectos laborales, y decido únicamente reservar la primera noche del viaje y a partir de ella ir fluyendo y perfilando el itinerario a seguir.

Irlanda, también conocida como República de Irlanda, es un país miembro de la Unión Europea, así que podéis liberaros del pasaporte y también olvidaros de tener que cambiar euros a libras esterlinas. No obstante, no os libraréis de conducir por la izquierda ni de necesitar un adaptador para la corriente eléctrica. La población de Irlanda supera los 5 millones de habitantes y la capital es Dublín, al este del país, con unos 600 mil habitantes (1.800.000 habitantes en el área metropolitana).

El moderno Estado irlandés consiguió su independencia efectiva del Reino Unido en el año 1922, tras la guerra de Independencia, que acabó con la firma del Tratado angloirlandés, mientras que el Ulster, posteriormente Irlanda del Norte, permaneció dentro del Reino Unido. Esto agudizó el «Conflicto de Irlanda del Norte», el cual aún perdura hoy en día, a pesar de las negociaciones de paz entre fuerzas unionistas pro-británicas y la población, que pretende la independencia del Reino Unido y la integración con la República de Irlanda.

Dejemos reposar el pasado y la historia para irnos al presente y al viernes día 3 de abril, en que a las 9:50 horas me sale el vuelo Reus – Dublín. No es una opción común partir de Reus, pero si queremos ahorrar aglomeraciones y obtener un precio competitivo, es una opción más que válida y a tener en cuenta (sobre todo para destinos como los que tenemos por delante).

 

La duración del trayecto es breve, en torno a 2 horas, y nada más llegar me dirijo a las oficinas de Europcar. La primera hora de conducción me resulta bastante estresante, ya que al conducir por la izquierda se le añade el tráfico, que es muy habitual en la capital Dublín en determinadas horas punta del día. El trayecto que separa Dublín de Killarney, al este del país, me lleva bien 4,5 horas. Me alojo en el Líos Na Manach ECO B&B, que se encuentra rodeado de preciosos prados verdes y apartado del núcleo de la población y resulta una opción muy tranquila.

No me quedo demasiado tiempo en el alojamiento, ya que he estado casi todo el día moviéndome motorizado y sentado y tengo ganas de movimiento con mi propio cuerpo. Así que me voy a los lagos de Killarney, donde, apurando las últimas horas de la luz del día, completaré un bonito paseo circular de 2 horas de duración.

Mañana será el día de ascensión al techo del país, el Carrauntoohil y sus 1.038 metros de altura. Los años de experiencia en la montaña han hecho que no subestime absolutamente ningún tipo de elevación por muy modesta que sea su altura. Inicialmente había previsto completar una ruta que ascendía las 3 montañas más altas de Irlanda, si bien esta opción presentaba cierto componente técnico que, unido a que voy solo en esta expedición, así como al hecho de que la previsión meteorológica es de lluvia y vientos en torno a 100 km por hora, hace que quede descartada la opción del «triplete». Completar el Carrauntoohil y sus 1.038 metros por su vía clásica ya será una buena empresa.

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Me habría tenido que levantar bien temprano, pero, como siempre, no lo hago y en esto no soy un ejemplo. El pico de tormenta se producirá alrededor de la 13:00 y me pillará en las cotas altas, lo asumo. La distancia que separa Killarney de Cronin’s Yard, el inicio de la ruta, es de 30 minutos aún no con coche. Cronin’s Yard es un emplazamiento situado en Beaufort, condado de Kerry, y se trata de una zona eminentemente rural.

Inicio la ruta sobre las 10.30 desde Cronin’s Yard, a 200 metros de altura sobre el nivel del mar, y me esperan unos 6 kilómetros hasta la cima y unos 900 metros de desnivel positivo para la vuelta deshacer idéntico camino. Los primeros 4 kilómetros transcurren sin prácticamente ganar altura y no presentan dificultad más allá de la incomodidad del fuerte viento y la lluvia (incesantes e intensos). La previsión de hoy es que, por los alrededores de la 13:00, la precipitación y el viento sean máximos, así que aprovecho para caminar rápido en este terreno más amable y asegurarme de pasar las peores horas fuera de la zona abierta y más expuesta en la cima.

Paso dos lagos, uno lo dejo a la izquierda, el otro a la derecha, y llega la famosa «Devil’s Ladder» (escalera del diablo). Es una pendiente vertical, si bien nada técnica, y que para mis intereses actúa angelicalmente, dado que es un corredor escondido que me protege bastante del viento y la lluvia. Me encuentro senderistas bajando. Algunos sin cima, dado que a la salida del collado decidieron no seguir por el fuerte viento, y otros con cima, si bien caminando a cuatro patas en algún momento por el fuerte viento.

Progreso rápidamente y llego al collado, que se encuentra situado a una altura de unos 700 metros. Y de allí hasta la cima, un festival de viento en que tranquilamente me habré encontrado rachas por encima de los 100 kilómetros por hora, si bien estoy tranquilo y siento un control total de la situación en todo momento.

 

Alcanzo la cima a las 12:30 y de allí deshago el camino todo lo rápido que soy capaz si bien con prudencia. Finalizo la ruta con unos 3 o 4 kilos de agua en mi ropa, si bien radiante de felicidad por la experiencia y aventura vivida en el día de hoy. Y nada, me parece que una vez tenga la ropa seca me habré ganado un paso por un Irish pub.

Después de un día como el de ayer al descubierto y expuesto totalmente a las inclemencias meteorológicas, es hora de la comodidad que te da tener un techo así como un medio de transporte que permita conocer el país de una manera relajada y tranquila. Así que contrato una excursión guiada en autobús llamada «el anillo de Kerry» que nos lleva a diferentes puntos de interés del condado saliendo de Killarney.

Llevo 5 minutos intentando entender lo que dice el conductor y a la vez guía del autobús, si bien abandono en el intento. Soy incapaz de entender el 10% de lo que dice el hombre en un acento muy cerrado y a una velocidad que el mismo Usain Bolt la podría firmar. La excursión que me ocupa todo el día está muy bien (limitaciones lingüísticas aparte) así como disfrutamos de un omnipresente y radiante sol que ayer en el Carrauntoohill no se dejó ver en ningún momento. En el transcurso de la excursión nos llevan a The Kerry Bog Village, que es un pueblo en el que permanecen intactas casas del siglo XIX, así como se pueden ver los diferentes oficios que tuvieron lugar en ellas. Adicionalmente, nos llaman la atención dos ejemplares de «Irish Wolfhound», que es la raza de perro más alta del mundo con machos que superan los 80 centímetros de altura y los 50 kilogramos de peso.

También son parada obligatoria los «Kells Sheepdogs», que son perros pastores que tienen una habilidad muy grande para guiar los rebaños de ovejas. Si bien a un catalán como yo, acostumbrado a ver los concursos anuales en el territorio (Castellar de N’Hug), no le resulta sorprendente la actividad (a diferencia del resto de miembros del grupo).

Durante nuestra ruta seguimos en todo momento la costa y podemos disfrutar de unos paisajes espectaculares. El conductor hace múltiples paradas para que podamos inmortalizar el momento y alrededor de las 17:00 de la tarde cerramos el «loop» por el condado de Kerry.

Cambio el autobús por el coche de alquiler y me desplazo hasta la península de Dingle, que ha sido una opción turística totalmente improvisada y recomendación de una persona del hotel en que me alojé la noche de ayer. En este viaje he ido sobre la marcha y la verdad es que ha sido una muy buena opción porque no me ha atado tanto y me ha dejado margen de maniobra y derecho a decidir el rumbo en todo momento. El trayecto entre Killarney y Dingle dura una hora y es simplemente espectacular, ya que transcurre en todo momento por la costa.

Me alojo en una casa adaptada con habitaciones con vistas al mar (el concepto de hotel en las islas existe, si bien no es lo habitual). Me reciben dos enormes y a la vez dóciles Irish Wolfhound. La casa tiene un espacio bar-biblioteca con mucho encanto, en el que degusto una cerveza local antes de despedir el día.

Irlanda es como el juego de deshojar la margarita. El día del Carrauntoohill tuvimos fuertes ráfagas de viento y lluvia, el día siguiente domingo disfrutamos de un sol omnipresente y el lunes tocó otra vez la «brisa» marina. Pero al mal tiempo, buena cara, así que nos disponemos a descubrir la península de Dingle, de lejos el lugar más bonito, espectacular y salvaje de mi paso por Irlanda (este 2026 y también la primera vez, ya hace unos cuantos años, en 2005).

 

La península de Dingle se sitúa en la parte más occidental de Irlanda y se caracteriza por sus impresionantes acantilados, las islas cercanas a la costa y sus magníficas playas de arena fina.

La mañana la invierto en una ruta circular de unos 13 kilómetros que recorre el litoral y permite contemplar parte de las espectaculares islas Blasket. La ruta prácticamente no presenta desnivel a superar, aunque estuve mientras la hacía expuesto a fuertes vientos y hay que extremar la precaución en algunos tramos que discurren junto a los acantilados, ya que la hierba mojada es extremadamente resbaladiza.

No soy irlandés y, por tanto, el tiempo que paso en el país cotiza alto. Hay que aprovecharlo al máximo. Así que, aunque hoy al final del día me esperan 4,5 horas de conducción hasta Dublín, por la tarde todavía encajo una subida exprés al monte Brandon, de 958 metros de altitud, en una ruta de unos 10 kilómetros en total. La ruta al monte Brandon comienza a unos 170 metros sobre el nivel del mar. Es lineal y está perfectamente señalizada con numerosos hitos hasta la cima. Así que, una vez superados los ya «viejos amigos» viento y niebla, llego al techo de la península.

No os diré que las vistas desde arriba fueran espectaculares porque, sencillamente, no hubo vistas como tales. Pero cuando la niebla decide no hacer acto de presencia, es una excursión que permite disfrutar de toda la espectacularidad paisajística de la península. Y nada, ya va siendo hora de volver a asomar la cabeza en entornos urbanos… Dublín me espera y 4,5 horas de trayecto hasta ella.

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Había estado en el año 2005 en Dublín visitando a mi amigo de la infancia Bernat Tort, que estaba haciendo un Erasmus en la ciudad universitaria de «Minute». La ciudad de Dublín como tal no es espectacular (más allá de su castillo) si bien es una ciudad moderna que ha dejado atrás sus conflictos entre católicos y protestantes para decidir mirar hacia un futuro abierto, plural, cosmopolita. Os recomiendo realizar un paseo aleatorio por el centro y entrar en una taberna a degustar el típico «Fish & Chips» mientras suena buena música. Invierto mis últimos instantes en la ciudad paseando por bonitos parques y voy a buscar el coche con suficiente margen y antelación para no ser víctima de los atascos que se producen en la ciudad en las horas punta.

Han sido pocos los días que he pasado en Irlanda, pero intensos y bien aprovechados. Habrán servido para desconectar y recargar pilas dado que veníamos de unos meses con una alta carga de trabajo. Techo mundial número 32 alcanzado. El Carrauntoohill, si bien no ha presentado una altura notable, sí que su climatología nos ha requerido atención plena y una buena dosis de resiliencia. Muy contento con el viaje y las Islas, que son una plaza que siempre cuida.

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